El viento roza mi rostro en la mañana
recordándome que estoy vivo, no comprendo su destino ni mucho menos comprendo
su sonido pero algo que comprendo y de lo que estoy seguro es que está conmigo,
me habla al oído me levanta y me acompaña en mi caminar.
Mi grito es desesperado y te invita a que con Dios puedas caminar, es posible que no lo escuches o no conozcas su verdad, pero abre tu corazón y permítele entrar que de esta forma sin darte cuenta su presencia te llenará y de un momento a otro no dudarás que es real.
Hay muchas cosas que no comprendemos por nuestras
limitaciones, sin embargo las vivimos y sabemos que están ahí, abre tu mente y
tu corazón para vivir a Dios y solo de esta manera podrás oír su voz, háblale
despacio al oído entrégale tus miedos y tus deseos que tan solo con su abrazo y
su respuesta podrás saber que es real.